Visión de
Isaías, Nuestra experiencia de Vida EN EL LLAMADO DE DIOS.
Introducción
Fue el año de la muerte del honrado Rey de Judá
Uzías y la gente sufrió mucho con la pérdida de este rey tan bueno. Sucedió en
aquel momento. En esa visión, Isaías vio algo que le llamó la atención. Vio a
los ángeles de la presencia de Dios delante del trono de Dios. No cesaban de
decir: “Santo”, “Santo”, “Santo es el Señor Dios Todopoderoso. ¡Toda la tierra
está llena de su Gloria!”. La palabra Kadosh (santo) está grabada aquí no una,
ni dos, sino tres veces seguidas, una manera muy común en hebreo de enfatizar
algo.
La obra de Isaías en
capítulos 1-5, denunciando el pecado de Judá y
avisando del juicio venidero, fue necesaria para preparar a
Isaías para el asombro que experimenta en capítulo 6. A lo largo de cinco
capítulos, ha apuntado con un dedo juicioso hacia sus compatriotas de Judá. En
capítulo 6, en presencia de la santidad de Yahvé, de repente
reconoce su propia falta de santidad. Por fin se le ocurre que
no solo habita entre gente de labios inmundos, pero que también él es uno de
ellos – que sus labios también están inmundos – que él también está sujeto al
juicio. Es un momento de “¡constricción” que le trae humildad y le prepara para
una vida de servicio que va más allá de cualquier cosa que podría haber
imaginado.
VERSÍCULOS 1-4: VI AL SEÑOR
SENTADO SOBRE UN TRONO año 740AC
“En el año que murió el rey Uzías”
(v. 1a). Uzías (conocido como Azarías en 2 Reyes 15) fue uno de los mejores
reyes de Judá – el mejor después de Salomón. Comenzó a reinar a la edad de 16
años. Reinó 52 años e “hizo lo recto en los ojos de Dios” (2 Crónicas 26:3-4).
Dirigió un gran ejército, derrotó los Filisteos, y recolectó tributos de los
Amonitas. Construyó torres y revivió la agricultura. “Más cuando fue
fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse” (2
Crónicas 26:16). Al final de su vida, trató de usurpar poderes sacerdotales, y
Dios le afligió con la lepra (2 Crónicas 26:20).
“vi yo al Señor sentado sobre un trono
alto y sublime” (v. 1b). En el año de la muerte de un gran rey, Isaías tuvo el privilegio de ver a un rey celestial aún
más grande, sentado en un trono en el templo – seguramente en el
Sagrado de los Sagrados del templo de Jerusalén. El trono era “alto y sublime”
– apropiado para un Dios de esta naturaleza.
Antes, Dios le dijo a Moisés, “No podrás ver mi
rostro: porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20; véase también Éxodo
19:21). No obstante, hubo ocasiones cuando gente fue permitida ver a Dios y
permanecer con vida (Génesis 16:13; Éxodo 24:10). Esta ocasión es una de ellas.
“y sus faldas henchían el templo”
(v. 1c). Este detalle transmite lo maravillado que está Isaías en presencia de
Yahvé. Le parece que la falda de Yahvé llena el templo, derramando su santidad
y su poder en el lugar Santo. Se siente demasiado pequeño para ver más allá de
la falda de Yahvé. Se encuentra con Dios de una manera intima! El hombre se
siente pecador.
“Y encima de él estaban serafines” o
ardientes (v. 2a). “Serafín” es una palabra hebrea transliterada
(traducido al inglés tal como suena en el lenguaje original). La mayor parte de
eruditos cree que la palabra ‘serafín’ significa “llama de serpiente.” han
tomado rostro humano, pueden vivir cerca de Dios, pero deben protegerse del
esplendor de su gloria! “Cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus
rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban” (v. 2b). Como
se anota en versículo 1b, la gente no solía ser permitida ver a Dios y
permanecer con vida. Los serafines cubren sus rostros para protegerles.
“Cubrían sus pies” es seguramente otra manera de decir ‘cubrir su desnudez.’
“Y el uno al otro daba voces”
(v. 3a). Esto sugiere un coro antifonal en que un coro canta una frase desde
una parte del santuario y otro coro canta la respuesta desde otra parte.
Imagínese varios coros de voces perfectas, situados alrededor de un templo de
acústica perfecta, cantando antifonalmente. Cada sonido vendría de una nueva
dirección, complementando la canción anterior en lugar de copiarla. El efecto
sería bello – más allá de nuestra comprensión.
“diciendo: Santo, Santo, Santo, DIOS de
los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria” (v. 3b). La
lengua hebrea utiliza la repetición para enfatizar, y esta repetición en tres
partes refleja el epítome de la santidad. El autor del libro de Apocalipsis
utiliza esta misma imagen y formula tres veces sagrada (Apocalipsis 4:8).
EL "OTRO" SIGNIFICADO
DE "SANTO"
La palabra “Kadosh” (santo en Hebreo y Haguios en
griego)) significa algo que es “otro” (separado, diferente), exactamente lo
opuesto de algo que es común. La palabra refleja el sentido de santidad y
consagración. Cuando Moisés pensó que palabra utilizar para describir el lugar
más importante del Tabernáculo, donde moraba el Dios de Israel, dijo: el Santo
de los Santos.
Estas palabras son cantadas por el coro de
serafines – un himno de alabanza – un tributo a la santidad y gloria de Dios.
La santidad de Dios forma parte inherente de su ser. Gloria es la manifestación
visible de su magnífica presencia. Santidad y gloria suelen ir juntas cuando se
describe a Dios en el Antiguo Testamento.
“Y los quiciales de las puestas se
estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo”
(v. 4). Los serafines cantan tan alto que hacen temblar las puertas del templo.
El templo también está lleno del humo del incienso (Éxodo 25:6, 29; 30:1, 7,
27, etcétera) y de sacrificios quemados. El humo y el sacudir de las puertas
recuerdan al encuentro de Moisés con Yahvé en el Monte de Sinaí (Éxodo 19:18).
VERSÍCULOS 5-7: ES QUITADA TU
CULPA Y LIMPIO TU PECADO
“Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy
muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que
tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, DIOS de los ejércitos”
(v. 5). Isaías habla, confesando su culpabilidad.
Como se anota arriba, a lo largo de cinco capítulos se ha quejado de su nación
pecaminosa y de su gente. Con lenguaje gráfico ha descrito su culpabilidad y el
juicio que debe anticipar. Ahora, en presencia del Altísimo, está sobrellevado
por su propia culpabilidad. En
presencia de la santidad de Yahvé, le asombra su propia falta de santidad.
Ve que, igual que los otros ciudadanos de Judá, también él es culpable –
también él merece el mismo juicio.
En presencia de santidad, la mayoría de nosotros
nos sentimos vacíos en comparación. Su santidad acentúa nuestra falta de
santidad. Ahora multiplique ese sentimiento por mil, y empezará a comprender el
estado de Isaías. Para ver el impacto completo, multiplíquelo por infinito.
“labios inmundos” parece una
frase antigua. No solo son los labios de Isaías los que están inmundos, sino su
persona completa. ¿Por qué ha de hablar de labios
inmundos? Jesús nos da una pista cuando dice, “porque de la
abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34) y “Mas lo que sale de la
boca, del corazón sale” (Mateo 15:18). La cosa es que labios inmundos (una
inmundicia secundaria) expresan lo que está en un corazón inmundo (la raíz de
la inmundicia). Los labios inmundos de Isaías expresan lo que está en su
corazón inmundo, igual que los labios inmundos del pueblo de Judá (sobre el
cual Isaías ha pronunciado su juicio) expresan lo que hay en sus corazones
inmundos. Solo es cuando Isaías se encuentra ante la
santidad de Yahvé que reconoce su propia inmundicia.
“han visto mis ojos al Rey, DIOS de los
ejércitos” (v. 5b). Ver “al Rey, DIOS de los ejércitos,” es morir.
Isaías debe pensar que está a punto de morir ahí mismo. Tiene que escoger: O
creer en YAHVEH, o ser destruido por el contacto con el Santo.
“Y voló hacia mí uno de los serafines,
teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas”
(v. 6). Aunque dice que Yahvé mandó al serafín hacer esto, está claro que el
serafín cumple la voluntad de Dios.
Un carbón encendido podría venir del altar de
incienso o del altar de sacrificios, pero es más probable que venga del altar
de sacrificios en vista de su conexión a la limpieza de pecados. Sacrificios en
el templo incluyen perdón por la sangre de un sacrificio, haciendo posible el
perdón de los pecados.
“Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He
aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”
(v. 7). El serafín toca los labios de Isaías con el carbón encendido, quemando
la iniquidad de sus labios y su corazón. El que no era santo ahora es
santificado. El que no merecía estar en presencia de Dios, por la gracia de
Dios, ahora merece.
VERSÍCULO 8: HEME AQUÍ, ENVÍAME A
MÍ
Isaías habló, confesando su culpabilidad. Ahora
Dios habla, dirigiéndose a su concejo celestial (el serafín y cualquier otro
ser angélico que pueda estar presente). “La sala del trono de Dios es la sala
de póliza del gobierno mundial. Hay negocio que llevar a cabo. Hay creación que
manejar. Hay mensajes que enviar”
Dios pregunta, “¿A quién enviaré, y quién
nos irá?” Isaías es solo un transeúnte que oye la pregunta de Dios.
Dios no dice adónde ha de ir el enviado ni lo que ha de hacer – tampoco le pide
a Isaías que se ofrezca.
“Heme aquí, envíame a mí.”
Isaías, sobrellevado por la emoción del momento – agradecido de ser limpiado y aún más agradecido de estar
vivo – ofrece ser el enviado de Dios, aunque no sabe adónde Yahvé le
enviará ni qué le pedirá hacer. Es decir, Isaías le escribe a Dios un cheque en
blanco, ofreciendo ir adónde sea y hacer lo que sea. Esto es inusual en las
historias de la llamada de Dios en el Antiguo Testamento, donde la gente a
menudo expresa objeción a su llamada (Éxodo 3:11; 4:10; Jueces 6:15; Jeremías
1:6).
Pero algo como la respuesta de Isaías todavía
ocurre hoy cuando una persona de fe se compromete al servicio de Dios. Cuando se hace un compromiso de
este tipo la persona no puede decir, “serviré a Dios siempre que lo pueda hacer
desde aquí” – o “con gusto serviré a Dios de esta manera pero no de esa
manera.” El compromiso debe ser servir a Dios, y la persona que se compromete
solo puede preguntarse adonde le llevará Dios.
VERSÍCULO 9-10: OID BIEN, Y NO
ENTENDÁIS
Pastores suelen predicar de versículos 1-8 e
ignorar versículos 9-13 porque estos versículos representan a Dios como alguien
decidido a condenar. Habiendo llegado a su veredicto, Dios no quiere que nada –
ni siquiera el arrepentimiento – interfiera
con el juicio que pronto declarará. Eso choca con nuestra idea de amar a Dios.
No obstante, los dos pasajes van juntos.
Versículos 1-8 hablan del mensajero, mientras que versículos 9-13 hablan del
mensaje. El mensaje es pésimo, pero
tiene un cambio esperanzador al final.
Todo ha de ser destruido y destruido de nuevo. Parece que no hay vida que pueda
sobrevivir de los escombros dos veces quemados, pero vida nacerá – una semilla
sagrada – un gran rayo de esperanza de luz verde que crecerá de los escombros.
Un remanente sobrevivirá para llevar a cabo el plan de Yahvé.
La idea de un remanente aparece
a través del Antiguo Testamento. Típicamente, Dios juzga los pecadores, dejando
que muchos mueran – a veces rápidamente como en el gran diluvio (Génesis 7), y
otras veces más despacio, como en el trayecto a la Tierra Prometida. En cada
caso, Dios deja la esperanza de un remanente fiel que sobrevive y lleva a cabo
su obra. En este libro, Isaías a menudo expresa la esperanza de un remanente
(10:19-22; 11:11, 16; 28:5; 37:4, 31; 46:3). La idea de un remanente continúa
en el Nuevo Testamento (Mateo 7:14; Romanos 9:27-29; 11:2-5, 7; Apocalipsis
12:17).
“Y dijo: Anda, y di a este pueblo”
(v. 9a). La frase, “este pueblo,” distancia a Yahvé de la gente de Judá – como
un padre que dice “este niño” en vez de “mi hijo.” En mejores tiempos Yahvé
había dicho, “mi pueblo” (Éxodo 3:7; 6:7).
“Oíd bien, y no entendáis; ved por
cierto, mas no comprendáis” (v. 9b). Esto describe lo que ha estado
pasando. “Este pueblo” ya ha tenido oportunidad de oír y ver. Su historia está
repleta de historias de su relación con Yahvé – como fue escogido – amado –
guiado – y aún como fue castigado cuando pecó. Tienen la escritura y la
alabanza en el templo para recordarles de esta relación. Yahvé les ha concedido
toda ventaja posible. No obstante, no han logrado comprender – han fallado en comprender
– en obedecer.
Su fallo
es por su propia voluntad, y ha ocurrido porque sus corazones están lejos
de Dios. No comprenden porque no quieren
comprender. Si comprendieran, tendrían que cambiar – y no quieren cambiar.
Conclusiones:
Tenemos que denunciar el pecado y
el juicio venidero como profetas de Dios que somos.
En presencia de la
santidad de Yahvé, debemos reconocer nuestra propia falta de santidad.
Cuando somos fortificados
(poder, $$), nuestro corazón tiende a enaltecerse hasta corromperse.
Debemos confesar
nuestras faltas ante Dios y apartarnos en seguir ofendiendo a Dios.
Así como Isaías, tu y
yo tenemos el privilegio de disfrutar de su presencia! Su Gloria Sublime!
El que no
era santo ahora es santificado. El que no merecía estar en presencia de Dios,
por la gracia de Dios, ahora merece.
Heme aquí, envíame a mí! Estamos agradecidos con Dios
como lo estuvo Isaías! Servir a Dios nos da gozo! Adónde Dios quiera!
LA PALABRA DE DIOS ES
PARA NUESTRO LEVANTAMIENTO O PERDIDA SEGÚN LA MANERA QUE LA ACOJAMOS. Lucas
2,34
Jesús es la espada de
dos filos, si lo acoges tienes vida, si lo rechaza viene juicio.
Preparó
Pr. Antonio Armenta
Romano