miércoles, 21 de diciembre de 2011

QUE DEJAR Y QUE ANHELAR

QUÉ DEJAR Y QUÉ ANHELAR  1 Pedro 2:1-3

Ningún cristiano se puede quedar como está, así es que Pedro exhorta a los suyos a romper con todo lo malo, y afirmar el corazón en todo lo que puede alimentar de veras la vida espiritual.
Hay cosas de las que uno tiene que despojarse. Apothesthai es la palabra para quitarse uno la ropa. Y hay cosas de las que un cristiano tiene que desvestirse como de la ropa sucia.
Ha de quitarse de encima todo lo malo del mundo pagano.
Está el engaño (dolos). Dolos es el truco del que se dedica a engañar a los demás para conseguir lo que se propone, el vicio de la persona que no tiene nunca miras limpias.
Por medio de la adulación, falsas promesas, cuentos falsos, palabras atractivas, sugerencias impropias. Romanos 1, 29-32
Cuando una persona quiere algo, que mira?
La debilidad o la ignorancia de la otra persona, seduciéndola.

Los cristianos deben despojarse de todo engaño, no debemos engañar, ni confundir a nadie.
Está la hipocresía (hypókrisis). Hypokrités (hipócrita) es una palabra que tiene una historia curiosa. Es el nombre correspondiente al verbo hypokrínesthai, que quiere decir sencillamente contestar; un hypokrités no es más, en un principio, que uno que contesta. De ahí pasa a querer decir un actor, el que toma parte en un diálogo en la escena. Y de ahí pasa a significar un farsante, alguien que no hace más que representar, manteniendo ocultos sus verdaderos motivos. El hipócrita es aquí el que pretende ser cristiano para sacar algún provecho y prestigio, no para servicio y gloria de Cristo.
La persona se comporta como no es!!
Tipos de Hipocresías:
·         Cuando actúa como si amara y creyere en  Dios, pero no vive como Dios le dice que viva
·         Cuando simula seguir a Dios, pero vive como le place
·         Cuando lambonea a sus amigos, pero va detrás de algo
·         Cuando promete y no cumple
JESUS ADVIERTE A LOS HIPOCRITAS,  Mateo 23, 14 y 33
Está la envidia (fthonos). Bien se puede decir que la envidia es el último pecado en morir. Asomaba su sucia cabeza hasta en el grupo de los apóstoles. Los otros diez les cogieron envidia a Santiago y a Juan cuando parecía que éstos les habían tomado la delantera en reservarse los puestos de honor en el Reino por venir (Marcos 10.-4). Hasta en la última Cena, los discípulos estaban discutiendo quiénes habían de ocupar los puestos más honorables (Lucas 22:24). Mientras el yo siga actuando en el corazón de la persona, habrá envidia en su vida.
Miramos a la gente y envidiamos su:
Dinero, posición o status social, popularidad, talentos, su apariencia física, etc.
No debemos mirar ni ser como las otras personas y envidiar lo que tiene!!
La envidia no trae PAZ NI FELICIDAD, siempre está insatisfecha, y conlleva a cometer errores (deudas, cirugías estéticas) cayendo en la ilegalidad y el delito.
Ocasiona problemas emocionales, se vuelven Sicóticos!!
Gracias a Dios, que El nos salva y nos libra de toda envidia!!
A través de Cristo nos da vida real y El satisface nuestros corazones con placeres eternos (salmo 16,11)
Está el chismorreo despectivo de los demás (katalalía). Quiere decir hablar mal; es casi siempre el fruto de la envidia; por lo general aparece cuando su víctima no está presente para defenderse. No hay muchas cosas que sean tan atractivas como escuchar o repetir chismes jugosos.
El chismorreo despectivo es algo que todos declaran que está mal, pero que al mismo tiempo casi todo practican y disfrutan.
Lo hace para levantar su imagen personal a costas de maltratar al otro.
EN QUÉ AFIRMAR EL CORAZÓN 1 Pedro 2:1-3
Pero hay algo en lo que el cristiano debe afirmar el corazón. Debe anhelar la leche sin adulterar de la Palabra. El cristiano debe desear con todo su corazón el alimento que procede de la Palabra de Dios, que es el que le puede hacer crecer hasta alcanzar la misma Salvación. En vista de todo el mal que hay en el mundo pagano, el cristiano debe fortalecer su alma con el alimento puro de la Palabra de Dios.
No hay que adulterarla con religión, filosofías, sicología, fama, poder, fortuna, etc.
El estudio de la Palabra de Dios no es un trabajo, sino un deleite, porque sabe que allí encontrará su corazón el alimento que anhela.
Nos enseña a vivir vidas limpias, combatir las tentaciones, nos enseña como amar a Jesús, adorarlo, exaltarlo en todo.
La metáfora del cristiano como un bebé recién nacido y la Palabra de Dios como la leche que le alimenta es frecuente en el Nuevo Testamento. Pablo se compara con la nodriza que cuida de los cristianos infantiles de Tesalónica (1 Tesalonicenses 2: 7). O se refiere a la atención que presta a los corintios al alimentarlos con leche porque todavía no pueden digerir la carne (1 Corintios 2:2); y el autor de la Carta a los Hebreos culpa a sus lectores por seguir en la etapa de la leche cuando ya deberían dar señales de más madurez (Hebreos 5:12; 6:2).
Para simbolizar el nuevo nacimiento en la Iglesia Primitiva, los recién bautizados se vestían con ropas blancas, y a veces se les daba leche como si fueran bebés. Es esta alimentación con la leche de la Palabra lo que hace crecer a un cristiano hasta llegar a la Salvación.

COSAS PARA DESECHAR:
Lo que contamina: Malicia, envidia, engaño, malos sentimientos hacia los demás, hipocresía
LUEGO; Plantar y Edificar con la Palabra de Dios nuestras vidas.

COSAS PARA DESEAR:
Deleitarse en la Palabra de Dios, para crecer y degustar su gracia y misericordia.

LOS CREYENTES DEBEMOS SER LIMPIOS Y PUROS!! Y SE LOGRA DISFRUTANDO LA PALABRA DE DIOS INTERIORIZADA EN NUESTRAS VIDAS!!



Preparó:
Dr. Antonio Armenta Romano
Lic. En Ciencias Religiosas

miércoles, 26 de octubre de 2011

EL FALSO CULTO Y EL VERDADERO


EL FALSO CULTO Y EL VERDADERO 1 Corintios 14:1-19
Este capítulo es muy difícil de entender porque trata de una experiencia que está fuera de la experiencia de muchos de nosotros. Pablo compara dos series de dones espirituales.
En primer lugar, el hablar en lenguas. Este fenómeno era muy corriente en la Iglesia Primitiva. Una persona entraba en éxtasis, y en ese estado fluía de su boca un torrente de sonidos que no correspondían a ninguna lengua conocida. A menos que se interpretaran, nadie tenía idea de lo que pudieran significar. Aunque nos parezca extraño a muchos de nosotros, en la Iglesia Primitiva era un don muy apreciado. Pero tenía sus peligros. Por una parte, era algo anormal y se admiraba mucho, lo que hacía que la persona que lo poseía corriera el riesgo de caer en un cierto orgullo espiritual; y por otra parte, el mismo deseo de poseerlo producía, por lo menos en algunos, una especie de auto hipnotismo que inducía a un hablar en lenguas totalmente falso.
Paralelamente al don de lenguas, Pablo sitúa el don de profecía. En la traducción no hemos usado la palabra profecía, porque podría haber complicado aún más una situación ya bastante complicada de por sí. En este caso, y corrientemente de hecho, no tiene nada que ver con el sentido que se le da vulgarmente a esta palabra, que es el de predecir el futuro, sino con el de proclamar la voluntad y el mensaje de Dios. Ya hemos dicho que la predicación reflejaría el sentido original bastante bien, aunque también aquí tendríamos que tener cuidado con las acepciones vulgares. Aquí hemos conservado y traducido la idea original de proclamar un mensaje.
En toda esta sección, Pablo trata de los peligros y las deficiencias del don de hablar en lenguas impropiamente usado, y de la superioridad del don de proclamar la verdad de manera que todos la puedan comprender.
Podemos seguir mejor la línea de pensamiento de Pablo analizando el pasaje por partes.
Empieza por afirmar que las lenguas se dirigen a Dios y no a las personas, que no las pueden entender. El que practica este don de lenguas puede que esté enriqueciendo su propia experiencia espiritual, pero no reporta ningún beneficio a las almas de los demás miembros, porque a estos les resulta ininteligible; y, por otra parte, el don de proclamar la verdad produce algo que todos pueden entender, y que es de provecho para todas las almas.
Pablo pasa a usar ciertas ilustraciones y analogías. Supongamos que les va a ministrar; pero, si no hace más que hablarles en lenguas, ¿para qué sirve eso? No tendrían ni idea de lo que les estaba diciendo. Tomemos el caso de un instrumento músico. Si se obedecen las leyes normales de la armonía, puede producir una melodía; pero si no, no produce más que un caos de sonidos. Tomemos el ejemplo de la trompeta. Si hace la llamada correcta, puede mandar a la tropa avanzar, retirarse, acostarse o levantarse, etcétera, etcétera. Pero, si no hace más que producir una mezcla de sonidos sin sentido, la tropa no sabrá qué hacer. En este mundo hay muchas clases de idiomas; pero, si dos personas se encuentran, y ninguna entiende el idioma de la otra, le suena a chino lo que le dice, y no le encuentra ningún sentido.
Pablo no niega la existencia del don de lenguas. Ni se puede decir que fuera para él una cuestión de que «las uvas no estaban maduras», porque tenía el don más que ninguno de los corintios; pero insiste en que cualquier don tiene valor en la medida en que beneficia a toda la congregación; y, por tanto, si se usa en público el don de lenguas, es inútil a menos que se interprete. Ya sea que una persona esté hablando, u orando, o cantando, debe hacerlo no sólo con su espíritu sino también con la inteligencia.
Debe saber de qué se trata, y los demás deben poder entender. Así es que Pablo llega a la terminante conclusión de que en una congregación cristiana es mejor decir unas pocas palabras inteligibles que lanzar una tromba de sonidos ininteligibles.
De este difícil pasaje surgen ciertas verdades de valor universal.
El versículo 3 concreta la finalidad de la predicación. Es triple.
1. Debe encaminarse a la edificación; es decir, a incrementar el conocimiento del Evangelio, y la capacidad de vivir la vida cristiana.
2.  Debe animar. En todas las compañías hay deprimidos y desanimados. Los sueños no se hacen realidad; los esfuerzos resultan improductivos; el examen de conciencia no revela más que fracasos e incapacidades. En la comunión cristiana, uno tiene que encontrar algo que le anime el corazón y fortalezca el brazo. Se decía de cierto predicador, que predicaba el Evangelio como si anunciara una gran depresión en la Antártida. Un culto puede empezar humillándonos con el recuerdo de nuestro pecado; pero será un fracaso si se acaba sin mostrar los recursos de la gracia de Dios que nos capacita para conquistarlo.
3. Debe tender a confortar. < Nunca se pone el sol sin que algún corazón se quebrante.»
En cualquier compañía de personas habrá siempre algunas a las que la vida ha dañado; y en la comunión cristiana deben de poder encontrar «gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado» (Isaías 61:3).
El versículo 5 nos dice las cosas que Pablo consideraba la base y la sustancia de la predicación.
·         Procede de una revelación directa de Dios. No se puede hablar de parte de Dios a menos que se haya escuchado a Dios. Se dice de un gran predicador, que, una y otra vez, se detenía como para escuchar una voz. Nunca damos a las personas o a los estudiantes verdades que hemos producido o, ni siquiera, descubierto; transmitimos verdades que se nos han confiado.
·         Puede que aporte algún conocimiento especial. Nadie puede ser un experto en todas las materias; pero cada uno tiene un conocimiento personal de algo. Se ha dicho que todo el mundo puede escribir un libro interesante si expone sencilla y sinceramente todo lo que le ha sucedido. Las experiencias de la vida nos dan a cada uno de nosotros algo especial, y la predicación más efectiva consiste en dar testimonio de lo que hemos descubierto que es verdad.
·         Consiste en proclamar la verdad. En la Iglesia Primitiva, la primera predicación que se hacía en una comunidad era la directa proclamación de los hechos del Evangelio. Hay cosas que no se pueden discutir. Comoquiera que terminemos, es bueno empezar con los hechos de Cristo.
·         Pasa a la enseñanza. Se llega a un momento en que uno tiene que preguntar: «¿Qué quiere decir todo eso?» Sencillamente porque somos criaturas pensantes, la religión implica teología. Y puede que la fe de muchas personas se derrumbe, y la lealtad de muchas personas se enfríe, porque no se han pensado las cosas hasta sus últimas consecuencias.
De todo este pasaje surgen dos principios generales en relación con el culto cristiano.
1- El culto no debe ser nunca egoísta. Todo lo que se hace en él debe hacerse para el bien de todos. Ninguna persona, ya sea que lo esté dirigiendo o que esté participando en él, tiene ningún derecho a seguir sus propias preferencias personales. Debe buscar el bien de toda la congregación. La prueba definitiva de cualquier parte del culto es: «¿Puede esto serle de ayuda a alguien?» Y no: « ¿Servirá esto para desplegar mis dones particulares?» Es: « ¿Acercará esto más a cada uno de todos los que están aquí a los demás y a Dios?»
2- El culto debe ser inteligible. Las cosas más importantes son las más sencillas; el lenguaje más noble es esencialmente el más sencillo. A fin de cuentas, sólo lo que satisface mi inteligencia puede confortarme el corazón, y sólo lo que puede captar mi inteligencia puede aportarle fuerza a mi vida.
LOS EFECTOS DEL CULTO FALSO Y DEL VERDADERO 1 Corintios 14:20-25
Pablo sigue tratando de la cuestión del hablar en lenguas. Empieza con un toque de atención a los corintios para que no se queden en la infancia. La pasión y el excesivo aprecio del don de lenguas eran una especie de ostentación infantil.
Pablo entonces trae a colación una referencia del Antiguo Testamento. Ya hemos visto cómo la exégesis rabínica -y Pablo había recibido la educación de un rabino- podía encontrar en el Antiguo Testamento sentidos ocultos que no estaban implicados en el original. Se refiere a Isaías 28:9-12. Dios, por medio de Su profeta, está haciéndole una advertencia al pueblo. Isaías les ha predicado en su propia lengua hebrea, y no han prestado atención. Por culpa de su desobediencia, vendrán los asirios y los conquistarán y ocuparán sus ciudades; y entonces tendrán que escuchar una lengua que no podrán entender. Tendrán que escuchar las lenguas extranjeras de sus conquistadores, que hablarán de cosas ininteligibles; y ni siquiera esa terrible experiencia hará que el pueblo incrédulo se vuelva a Dios. Así es que Pablo saca en conclusión que las lenguas estaban diseñadas como señal para un pueblo duro de corazón e incrédulo; pero serían, por último, ineficaces.
De ahí pasa a un razonamiento muy práctico. Si un forastero o una persona sencilla entraran en un culto en el que todos estaban lanzando un raudal de sonidos ininteligibles, pensaría que aquello era un manicomio. Pero, si la verdad de Dios se estuviera proclamando sobria e inteligentemente, el resultado sería muy diferente: se sentiría confrontado con su propio pecado y el juicio de Dios.
Los versículos 24 y 25 dan un resumen gráfico de lo que sucede cuando se proclama inteligentemente la verdad de Dios.
1. Declara a las personas culpables de pecado. Ven lo que son, y quedan horrorizadas.
«Venid -dijo a sus paisanos la Samaritana- a ver a un Hombre que me ha dicho todo lo que había en mi vida» (Juan 4:29).
Lo primero que hace el Mensaje de Dios por una persona es hacer que se dé cuenta de que es pecadora.
2. Trae a la persona a juicio. Se da cuenta de que ha de responder de cómo ha vivido. Puede que hasta entonces haya vivido sin pensar en las consecuencias. Puede que haya seguido los impulsos de cada día, disfrutando del placer. Pero ahora se da cuenta de que hay un final para todo, y allí está Dios.
3. Le muestra a cada persona los secretos de su corazón.
Lo último que queremos tocar es nuestro propio corazón. Como dice el proverbio: « No hay peor ciego que el que no quiere ver.» El Evangelio le obliga a uno a asumir la vergonzosa y humillante experiencia de darse la cara a sí mismo.
4. Hace caer de rodillas ante Dios. La Salvación empieza cuando una persona cae de rodillas en la presencia de Dios. La entrada a esa presencia es tan baja que no podemos entrar más que de rodillas. Cuando una persona se ha encarado consigo misma y con Dios, lo único que puede hacer es caer de rodillas y orar: «Dios, sé propicio a este pecador que soy yo.»
La prueba de cualquier acto de culto es: « ¿Hace que nos sintamos en la presencia de Dios?»
Cuando nos sentimos tan cerca de Dios como para eso, hemos participado real y verdaderamente en un acto de culto.
CONSEJOS PRÁCTICOS 1 Corintios 14:26-33
Pablo se aproxima al final de esta sección con algunos consejos muy prácticos. Está decidido a que a todos los que tengan algún don se les conceda la oportunidad de ejercerlo; pero está igualmente decidido a que los cultos no se conviertan en una competición desordenada. Sólo dos o tres deben practicar el don de lenguas, y aun eso sólo cuando esté disponible algún intérprete. Entre los que tengan el don de proclamar la verdad, de nuevo dos o tres serán los únicos que puedan hacerlo en cada ocasión; y si hay alguien en la congregación que tiene la convicción de haber recibido un mensaje especial, que el que esté hablando le ceda la palabra. Podrá hacerlo perfectamente, y no tendrá por qué decir que está bajo la inspiración y no puede detenerse; porque un predicador siempre debe ser capaz de controlar su espíritu. Debe haber libertad, pero no debe haber desorden. Hay que dar culto en paz al Dios de la paz.
Esta es la sección más interesante de toda la carta, porque arroja un raudal de luz que nos permite saber cómo eran los cultos de la Iglesia Primitiva. Está claro que había una gran libertad y no poca improvisación. De este pasaje surgen dos cuestiones importantes.
1- Está claro que en la Iglesia Primitiva no había un ministerio profesional. Es verdad que los apóstoles descollaban con una autoridad especial; pero hasta entonces no había un ministerio profesional local. Se recibía a todos los que tuvieran un don que fuera de utilidad a la congregación. ¿Ha acertado la iglesia o no en eso de establecer un ministerio profesional? Está claro que es esencial en nuestra época, tan ajetreada, en la que la gente se preocupa tanto de las cosas materiales, el que se aparte a alguien para que viva cerca de Dios y les traiga a sus compañeros la verdad, y la dirección, y el consuelo que Dios le dé. Pero existe el peligro obvio de que, cuando una persona llega a ser un predicador profesional, se encuentre a veces en la situación de tener que decir algo cuando realmente no tiene nada que decir. Sea como sea, debería seguir siendo verdad que si una persona tiene un mensaje para sus semejantes, ni reglas ni normas eclesiásticas le impidan darlo. Es un error pensar que el ministerio profesional es el único que puede transmitir la verdad de Dios.
2- Es indiscutible que había una cierta flexibilidad en la liturgia de la Iglesia Primitiva. Todo era lo suficientemente libre como para permitir a cualquier persona que creía que tenía un mensaje el que lo pudiera transmitir. Puede que exageremos ahora la dignidad y la solemnidad, y que nos esclavicemos a un cierto orden de culto. Lo realmente característico del culto de la Iglesia Primitiva debe de haber sido que casi cualquier persona consideraba que tenía el privilegio y la obligación de contribuir con algo en él. Nadie iba con la única intención de escuchar pasivamente; sino más bien con la de recibir y aportar.
Está claro que eso tenía sus peligros; porque nos da la impresión de que en Corinto había personas a las que les gustaba demasiado hacerse oír; pero, con todo y con eso, la iglesia era entonces asunto de los cristianos de a pie más que ahora. Puede que la iglesia perdiera algo cuando delegó tanto en el ministerio profesional que no le quedó casi nada para el que no era más que miembro de la iglesia. Y puede que no fuera tanto la culpa del ministerio el que acabara anexionándose tantos derechos, sino del laicado por abandonarlos. Porque no se puede negar que muchos miembros de la iglesia piensan más en lo que ésta puede hacer por ellos que en lo que ellos puedan hacer por ella, y están más dispuestos a criticar lo que se hace que a asumir ninguna responsabilidad del trabajo de la iglesia por sí mismos.
INNOVACIONES DESACONSEJABLES 1 Corintios 14:34-40
Había algunas innovaciones que amenazaban con introducirse en la iglesia corintia que no le gustaban a Pablo. Llega a preguntarles qué derecho se creían que tenían para aceptarlas. ¿Habían sido ellos los iniciadores de la Iglesia Cristiana? ¿Tenían el monopolio de la verdad evangélica? Sencillamente, habían recibido una tradición, y tenían que seguirla.
Ninguna persona ha conseguido nunca remontarse totalmente por encima de la época en que ha vivido y la sociedad en la que se ha educado; y Pablo, en su concepción del lugar de la mujer en la iglesia, era incapaz de desembarazarse de las ideas que había conocido toda la vida.
Ya hemos dicho que la mujer ocupaba un estrato inferior en el mundo antiguo.
Fue en una sociedad así donde Pablo escribió este pasaje. Lo más probable es que lo que tenía más presente en la mente era el estado moral sumamente laxo de Corinto, y el sentimiento de que no se debía hacer absolutamente nada que pudiera acarrearle a la joven iglesia la más mínima sospecha de inmoralidad. No cabe duda que sería un error injustificable el sacar estas palabras de su contexto e imponerlas como una regla universal para la iglesia.
Pablo continúa hablando con cierta gravedad. Está completamente seguro de que, aunque uno tenga dones espirituales, eso no le da derecho a rebelarse contra la autoridad. Se da cuenta de que el consejo que ha dado y las reglas que ha establecido le han llegado de Jesucristo y Su Espíritu; y, si alguien se negara a reconocerlo, lo haría a su propio riesgo; y lo mejor que se podría hacer sería dejarle en su voluntaria ignorancia.
Así llega Pablo a la conclusión. Deja bien claro que no tiene ningún interés en anular el don de nadie; lo único que le mueve de veras es el deseo del buen orden de la iglesia. La gran regla que establece en efecto es que uno ha recibido de Dios cualesquiera dones que posea, no para su propio provecho exclusivamente, sino para el de toda la iglesia. Cuando una persona puede decir: < ¡Gracias a Dios! ¡A Él sea la gloria!», entonces y sólo entonces usará sus dones como Dios manda en la iglesia y fuera de ella.  AMEN!!

viernes, 26 de agosto de 2011

ABUSANDO DE LOS PRIVILEGIOS


SIN ABUSAR DE LOS PRIVILEGIOS (Rabinos Judíos/Ley vs Pablo/La Gracia) 1 Corintios 9:1-14
A primera vista parece que este capítulo no tiene nada que ver con lo que precede, pero no es así. La cosa es que los corintios, que se consideraban cristianos maduros, pretendían encontrarse en una situación privilegiada que les otorgaba la libertad para comer carne que se hubiera sacrificado a los ídolos si querían. Su libertad cristiana, pensaban, los colocaba en una posición en la que podían hacer cosas que no se les permitirían a los que no habían alcanzado ese nivel. La manera de contestar de Pablo a esos razonamientos es presentar los muchos privilegios que él tenía perfecto derecho a reclamar, pero de los que no hizo uso para no ser un tropiezo para otros o un obstáculo para la eficacia del Evangelio.
1. Él ha visto al Señor. El Libro de los Hechos especifica repetidas veces que la cualificación suprema de un apóstol es el ser testigo de la Resurrección (Hechos 1:22; 2:32; 3:15; 4:33). Esto tiene una importancia capital. En el Nuevo Testamento, la fe no es nunca la aceptación de un credo, sino la confianza en una Persona. Pablo no dice: «Yo sé lo que he creído.» Dice: «Yo sé en Quién he creído» (2 Timoteo 1:12).
Cuando Jesús llamó a Sus discípulos, no les dijo: < Tengo una filosofía que quiero que examinéis,» o < Tengo un sistema de ética que me gustaría que considerarais,» u < Os ofrezco una confesión de fe que querría que discutierais.» Les dijo simplemente: «Seguidme.» Todo el Cristianismo empieza por una relación personal con Jesucristo. Ser cristiano es conocerle personalmente
2. La segunda credencial de Pablo era que su ministerio había sido eficaz. Los mismos corintios eran una prueba de ello. Él los llama su sello. En la antigüedad los sellos eran sumamente -importantes. Cuando se mandaba un cargamento de grano o de dátiles o de algo por el estilo, lo último que se hacía con los envoltorios era marcarlos con el sello como prueba de que el contenido era auténticamente lo que pretendía ser. Cuando se hacía testamento, se sellaba con siete sellos; y no era legalmente válido a menos que los tuviera intactos. El sello era la garantía de la autenticidad. El mero hecho de la existencia de la iglesia corintia era la garantía del apostolado de Pablo. La prueba definitiva de que una persona conoce a Cristo es que Les puede traer a otros. Se cuenta que un soldado que había sido herido y se encontraba en la cama de un hospital le dijo una enfermera, que se inclinaba para atenderle: « Tú eres Cristo para mí.» La autenticidad del cristianismo de una persona presenta su mejor prueba cuando ayuda a otros a ser cristianos.
El privilegio que Pablo habría podido esperar de la iglesia era su sostenimiento. No sólo para sí mismo, sino también para su esposa. De hecho, los demás apóstoles recibían ese apoyo. Los griegos despreciaban el trabajo manual; ningún griego libre estaría dispuesto a trabajar con sus manos. Aristóteles había enseñado que hay dos clases de personas: las cultas, y los madereros y aguadores que existen exclusivamente para llevar a cabo esos trabajos serviles para los otros, y a los que sería no solamente un error sino hasta un mal el tratar de elevarlos o educarlos. Los enemigos de Sócrates y de Platón les tomaban el pelo porque no aceptaban ningún dinero por enseñar, y hasta insinuaban que no cobraban porque su enseñanza no valía nada. Es verdad que también se esperaba de los rabinos judíos que enseñaran sin cobrar nada, y que tuvieran un oficio que les permitiera ganarse la vida sin depender de nadie; pero esos mismos rabinos se tomaban mucho interés en inculcarles a sus estudiantes que no había obra más meritoria que el sostener a su rabino. Si alguien quería tener un buen lugar en el Cielo, la mejor manera de asegurárselo era sustentando a todas las necesidades de un rabino. De cualquier manera que se mirara, Pablo podía haber reclamado el privilegio de ser sostenido por la iglesia.
Usa analogías humanas corrientes. Ningún soldado tiene que buscarse la comida por su cuenta. ¿Por qué había de hacerlo un soldado de Cristo? El que planta una viña tiene derecho a una parte de su producto. ¿Por qué tiene que ser diferente el que planta iglesias? El pastor se mantiene de lo que da el rebaño que atiende. ¿Por qué no puede hacer lo mismo el que pastorea una iglesia? Hasta la Escritura dice que no hay que ponerle el bozal al buey que está trillando para dejarle que coma de lo que trabaja (Deuteronomio 25:4). Como hartan los rabinos, Pablo aplica esa enseñanza alegóricamente al maestro cristiano.
El sacerdote que oficia en el templo recibe su parte de las ofrendas. En los sacrificios de los templos griegos, como ya hemos visto, recibía las costillas, el jamón y el lado izquierdo de la cara del animal. Pero vale la pena recordar las obtenciones de los sacerdotes que oficiaban en el templo de Jerusalén.
Había cinco ofrendas principales.
El holocausto. Era el único sacrificio que se quemaba completo en el altar, excepto el estómago, las entrañas y el nervio del muslo (cp. Génesis 32:32). Pero hasta en este caso los sacerdotes se quedaban con las pieles, con las que hacían buen negocio. (ii) La ofrenda por el pecado. En este caso sólo se quemaba en el altar el sebo del animal, y los sacerdotes se quedaban con toda la carne.
La ofrenda por una transgresión. Aquí tampoco se quemaba más que la grasa del animal, y los sacerdotes recibían toda la carne.
La ofrenda de comida. Esta consistía en harina, vino y aceite. Sólo una parte simbólica se ofrecía en el altar; con mucho la mayor parte era el gaje de los sacerdotes.
La ofrenda de la paz. La grosura y las entrañas era lo que se quemaba en el altar; los sacerdotes recibían el pecho y el hombro derecho, y el resto se le devolvía al que lo ofrendaba.
Los sacerdotes tenían todavía otros gajes.
a) Recibían las primicias de siete clases: trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y miel.
b) El tarumá. Esta era la ofrenda de los frutos más selectos de cada cultivo. Los sacerdotes tenían derecho a un promedio de la quinta parte de las cosechas.
c) Los diezmos. Había que darlos de «todo lo que se puede usar para comida y se cultiva o crece en la tierra.» Ese diezmo pertenecía a los levitas; pero los sacerdotes recibían el diezmo de ese diezmo.
d) La jalla. Esta era la ofrenda del amasado. Si la masa se hacía de trigo, cebada, escanda, avena o centeno, cada persona particular tenía que darles a los sacerdotes una vigésima cuarta parte, y un panadero un cuadragésimo octavo.
Todo esto está detrás de la negativa de Pablo a aceptar de la iglesia ni tan siquiera la provisión más básica para su manutención. Lo rehusaba por dos razones.
1. Los sacerdotes eran un refrán. Mientras que una familia judía normal no comía carne más que una vez por semana si acaso, los sacerdotes padecían de una enfermedad ocupacional por comer demasiada. El lujo en que vivían, su rapacidad y sus privilegios eran notorios, y Pablo lo sabía muy bien. Sabía que usaban de la religión para ponerse gordos, así es que estaba dispuesto a irse al otro extremo y no aceptar absolutamente nada.
2. La segunda razón era su total independencia. Puede ser que la llevara demasiado lejos, porque parece que los corintios se daban por ofendidos de que no les aceptara ninguna ayuda. Pero Pablo era una de esas almas independientes que prefieren morirse de hambre antes que depender de nadie.
En último análisis había una cosa que dominaba su conducta: no estaba dispuesto a hacer nada que desacreditara o dificultara al Evangelio. La gente juzga un mensaje por la vida y el carácter del que lo transmite, y Pablo estaba decidido a mantener las manos limpias. No permitía que nada de su vida contradijera el mensaje que proclamaba. Alguien le dijo una vez a un predicador: «No puedo oír lo que dices porque estoy escuchando cómo eres.» Eso no se le podía decir a Pablo.
EL PRIVILEGIO Y LA RESPONSABILIDAD 1 Corintios 9:15-23
En este pasaje encontramos una especie de bosquejo de toda la concepción que tiene Pablo de su ministerio.
1. Lo consideraba un gran privilegio. Lo único que no haría jamás sería aceptar dinero por trabajar para Cristo
Todos deberíamos considerar nuestro trabajo, no como una forma de acumular riqueza, sino como una manera de prestar un servicio. El trabajador debe verse como una persona cuyo fin principal no es sacar provecho para sí, sino cuyo privilegio es servir a otros cumpliendo la voluntad de Dios.
2. Lo consideraba un deber. El punto de vista de Pablo era que, si él hubiera escogido ser predicador del Evangelio, podría haber exigido legítimamente un sueldo por su trabajo; pero él no había escogido ese trabajo: el trabajo le había escogido a él.
No podía dejar de hacerlo, como no podría dejar de respirar; y, por tanto, no se podía hablar de salario.
3. A pesar del hecho de no querer que se le pagara, Pablo sabía que recibía diariamente una gran recompensa. Tenía la satisfacción de llevarles el Evangelio gratuitamente a todos los que quisieran recibirlo. Siempre es verdad que la verdadera recompensa de cualquier trabajo no es el dinero que reporta, sino la satisfacción de una tarea bien hecha. Por eso es por lo que la cosa más grande de la vida no es escoger el trabajo mejor pagado, sino el que produce la mayor satisfacción.
El haber remediado una vida desquiciada, el haber traído a uno que estaba perdido al verdadero camino, el haber sanado un corazón quebrantado, el haberle traído un alma a Cristo, son cosas que no se pueden medir en términos económicos, porque su gozo sobrepasa toda medida.
4. Por último, Pablo habla del método de su ministerio, que era hacerse todo a todos. Esto no es ser hipócritamente una cosa con una persona y otra con otra; sino que es cuestión de, como se suele decir, ponerse en el lugar de cualquier persona. El que no pueda ver nada  más que desde su propio punto de vista, y que nunca haga el menor esfuerzo por entender la mente o el corazón de los demás, nunca hará un buen pastor, o evangelista, o ni siquiera amigo. «Arte de acomodarse a los demás.»
No podemos llegar a ninguna clase de evangelismo, o de amistad, sin hablar el mismo lenguaje y pensar las mismas ideas de otros. Alguien describió una vez la enseñanza, la medicina y el pastorado como «las tres profesiones paternalistas.» Mientras no hagamos más que patrocinar a la gente, sin hacer el menor esfuerzo por comprenderla, no podemos llegar a ninguna parte con ella. Pablo, el modelo de misioneros, que ganó a más personas para Cristo que ningún otro, se dio cuenta de lo esencial que es hacerse todo a todos. Una de las mayores necesidades que se nos presentan es la de aprender el arte de entendernos con la gente; y el problema más grave es que, la mayor parte de las veces, ni lo intentamos.
UNA VERDADERA CONTIENDA 1 Corintios 9:24-27
Pablo sigue ahora otra analogía
En este pasaje, Pablo expone brevemente una especie de filosofía de la vida.
1. La vida es una contienda. « Si esta vida no fuera una auténtica pelea en la que se gana algo eterno para el universo cuando se tiene éxito, no es más importante que un simulacro del que uno se puede retirar cuando quiera. Pero parece una pelea -como si hubiera algo realmente salvaje en el universo que nosotros, con todos nuestros idealismos y lealtades, pudiéramos contribuir a remediar.»
Tenemos que vernos como guerreros siempre en campaña, como atletas que se lanzan hacia la meta.
2. Ganar una batalla o salir vencedor en una competición requieren disciplina. Tenemos que someter a disciplina nuestros cuerpos para tenerlos en forma; esta es una de las áreas más abandonadas en la vida espiritual, de la que muchas veces surgen las depresiones. Si hemos de hacer algo lo mejor posible tendremos que dedicarle un cuerpo tan capaz como pueda llegar a ser. Hemos de someter a disciplina nuestras mentes; una de las tragedias de la vida es que la gente se niega a pensar hasta llegar a una condición en que ya le resulta imposible. No podemos resolver los problemas escondiéndonos o huyendo de ellos. Tenemos que someter a disciplina nuestra alma; podemos hacerlo enfrentándonos con los dolores de la vida con serena entereza; con sus tentaciones, con la fuerza que Dios da; con sus desilusiones, con valor.
3. Tenemos que conocer nuestra meta. Es descorazonador ver el obvio despiste de las vidas de tantas personas; van a la deriva en vez de dirigirse a algún sitio. Tengo una parábola: < Había una vez un hombre, un satírico. En el curso natural de las cosas sus amigos le asesinaron, y murió. Y la gente vino, y se colocó alrededor de su cuerpo. < Trataba a todo el redondo mundo como si fuera un balón de fútbol -decían indignados-, y le pegaban patadas.» El muerto abrió un ojo, y dijo: « ¡Sí, pero siempre hago  gol!» Alguien pintó una vez un chiste de dos marcianos que estaban mirando a la gente de la Tierra, siempre corriendo de acá para allá; y uno le dijo al otro: « ¿Qué están haciendo?» El otro contestó: «Van.» « ¿Adónde?» « ¡Ah!, no van a ninguna parte; simplemente van.» Esa es la manera de no llegar a nada.
Tenemos que saber lo que vale nuestra meta. El gran atractivo de Jesús es que se basaba raras veces en castigos y en consecuencias terribles. Se basaba en la declaración: « Considera lo que te pierdes si no sigues Mi camino.» La meta es la vida, y no cabe duda de que vale la pena alcanzarla.
4. No podemos salvar a otros si no somos los dueños de nosotros mismos.
Está claro que no podemos hacer nada por otros hasta que nos hemos hecho con nosotros mismos; no podemos enseñar lo que no sabemos; no podemos llevar a otros a Cristo hasta haberle encontrado nosotros. Por en medio del mar, y todos fueron bautizados en relación con Moisés en la nube y en el mar, y todos comieron la misma comida que el Espíritu de Dios les daba, y todos bebieron la misma bebida que les llegaba por la acción del Espíritu; porque bebían de la Roca que los acompañaba por obra del Espíritu, la cual Roca era Cristo. Con todo eso, Dios no estaba contento con la mayoría de ellos; así que se quedaron muertos tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron para que tomemos ejemplo, para que no seamos personas que anhelan el mal y las cosas prohibidas como hicieron ellos. Ni tampoco debéis ser idólatras como algunos de ellos, como está escrito: «Se sentaron a comer y a beber, y se levantaron a pasárselo bien.» Ni está claro que no podemos hacer nada por otros hasta que nos hemos hecho con nosotros mismos; no podemos enseñar lo que no sabemos; no podemos llevar a otros a Cristo hasta haberle encontrado nosotros.     AMEN!!! AMEN!!!!

ESA ES LA ACTITUD CRISTIANA!!

QUE EJEMPLO DEL APOSTOL PABLO QUE DIFERENCIA DE LOS “SEUDOAPOSTOLES” DE HOY EN DIA, HOTELES 5 ESTRELLAS, CARRO ULTIMO MODELO, VIAJES POR EL MUNDO, SUS ESPOSAS CON CIRUGIAS PLASTICAS A COSTA DE QUIEN?? DE LAS OVEJAS BOBAS QUE SE DEJAN ENGAÑAR DE PROMESAS POSITIVISTAS, SICOLOGIAS CONDUCTIVAS, MANIPULANDO LAS ESCRITURAS, DANDOLES PLATA PARA MANTENERLOS A COSTA DEL TRABAJO DIARIO DE LAS OVEJITAS!! PABLO SE DIO CUENTA EL LUJO DE ELLOS Y OPTO POR NO RECIBIR NADA PARA NO SER GRAVOSOS A NADIE.

PASTORES FLOJOS, VIVIDORES Y A LOS SEUDOAPOSTOLES A TRABAJAR COMO EL APOSTOL PABLO, CON SUS MANOS, HACIENDO TIENDAS. DEJEN DE TRASQUILAR A LAS OVEJAS, MERCADERES DE LA FE!!

TANTO CATOLICOS COMO EVANGELICOS ESTAN EN LAS MISMAS, LEYERON LO DEL CURA EN CHALAN-SUCRE? ARROJO “LOS DIEZMOS” PORQUE ERAN PURA MONEDAS, QUERIA VER QUE??? BILLETES CON LA FIGURA DE JORGE ISAAC!! QUE HORROR.
LEYERON TAMBIEN LO DEL PAPA, HAY QUE AYUDAR A LOS POBRES, QUE CHISTE FLOJO, Y EL VATICANO Y SUS RIQUEZAS QUE?
NI HABLAR DEL MUNDO EVANGELICO!! QUE ASCO!!

VIVAMOS HERMAN@S CONFORME A LAS ENSEÑANZAS DE JESUS, EN OBEDIENCIA A SUS PRINCIPIOS, SEAMOS EJEMPLOS EN TODO. AMEN!!