viernes, 26 de agosto de 2011

ABUSANDO DE LOS PRIVILEGIOS


SIN ABUSAR DE LOS PRIVILEGIOS (Rabinos Judíos/Ley vs Pablo/La Gracia) 1 Corintios 9:1-14
A primera vista parece que este capítulo no tiene nada que ver con lo que precede, pero no es así. La cosa es que los corintios, que se consideraban cristianos maduros, pretendían encontrarse en una situación privilegiada que les otorgaba la libertad para comer carne que se hubiera sacrificado a los ídolos si querían. Su libertad cristiana, pensaban, los colocaba en una posición en la que podían hacer cosas que no se les permitirían a los que no habían alcanzado ese nivel. La manera de contestar de Pablo a esos razonamientos es presentar los muchos privilegios que él tenía perfecto derecho a reclamar, pero de los que no hizo uso para no ser un tropiezo para otros o un obstáculo para la eficacia del Evangelio.
1. Él ha visto al Señor. El Libro de los Hechos especifica repetidas veces que la cualificación suprema de un apóstol es el ser testigo de la Resurrección (Hechos 1:22; 2:32; 3:15; 4:33). Esto tiene una importancia capital. En el Nuevo Testamento, la fe no es nunca la aceptación de un credo, sino la confianza en una Persona. Pablo no dice: «Yo sé lo que he creído.» Dice: «Yo sé en Quién he creído» (2 Timoteo 1:12).
Cuando Jesús llamó a Sus discípulos, no les dijo: < Tengo una filosofía que quiero que examinéis,» o < Tengo un sistema de ética que me gustaría que considerarais,» u < Os ofrezco una confesión de fe que querría que discutierais.» Les dijo simplemente: «Seguidme.» Todo el Cristianismo empieza por una relación personal con Jesucristo. Ser cristiano es conocerle personalmente
2. La segunda credencial de Pablo era que su ministerio había sido eficaz. Los mismos corintios eran una prueba de ello. Él los llama su sello. En la antigüedad los sellos eran sumamente -importantes. Cuando se mandaba un cargamento de grano o de dátiles o de algo por el estilo, lo último que se hacía con los envoltorios era marcarlos con el sello como prueba de que el contenido era auténticamente lo que pretendía ser. Cuando se hacía testamento, se sellaba con siete sellos; y no era legalmente válido a menos que los tuviera intactos. El sello era la garantía de la autenticidad. El mero hecho de la existencia de la iglesia corintia era la garantía del apostolado de Pablo. La prueba definitiva de que una persona conoce a Cristo es que Les puede traer a otros. Se cuenta que un soldado que había sido herido y se encontraba en la cama de un hospital le dijo una enfermera, que se inclinaba para atenderle: « Tú eres Cristo para mí.» La autenticidad del cristianismo de una persona presenta su mejor prueba cuando ayuda a otros a ser cristianos.
El privilegio que Pablo habría podido esperar de la iglesia era su sostenimiento. No sólo para sí mismo, sino también para su esposa. De hecho, los demás apóstoles recibían ese apoyo. Los griegos despreciaban el trabajo manual; ningún griego libre estaría dispuesto a trabajar con sus manos. Aristóteles había enseñado que hay dos clases de personas: las cultas, y los madereros y aguadores que existen exclusivamente para llevar a cabo esos trabajos serviles para los otros, y a los que sería no solamente un error sino hasta un mal el tratar de elevarlos o educarlos. Los enemigos de Sócrates y de Platón les tomaban el pelo porque no aceptaban ningún dinero por enseñar, y hasta insinuaban que no cobraban porque su enseñanza no valía nada. Es verdad que también se esperaba de los rabinos judíos que enseñaran sin cobrar nada, y que tuvieran un oficio que les permitiera ganarse la vida sin depender de nadie; pero esos mismos rabinos se tomaban mucho interés en inculcarles a sus estudiantes que no había obra más meritoria que el sostener a su rabino. Si alguien quería tener un buen lugar en el Cielo, la mejor manera de asegurárselo era sustentando a todas las necesidades de un rabino. De cualquier manera que se mirara, Pablo podía haber reclamado el privilegio de ser sostenido por la iglesia.
Usa analogías humanas corrientes. Ningún soldado tiene que buscarse la comida por su cuenta. ¿Por qué había de hacerlo un soldado de Cristo? El que planta una viña tiene derecho a una parte de su producto. ¿Por qué tiene que ser diferente el que planta iglesias? El pastor se mantiene de lo que da el rebaño que atiende. ¿Por qué no puede hacer lo mismo el que pastorea una iglesia? Hasta la Escritura dice que no hay que ponerle el bozal al buey que está trillando para dejarle que coma de lo que trabaja (Deuteronomio 25:4). Como hartan los rabinos, Pablo aplica esa enseñanza alegóricamente al maestro cristiano.
El sacerdote que oficia en el templo recibe su parte de las ofrendas. En los sacrificios de los templos griegos, como ya hemos visto, recibía las costillas, el jamón y el lado izquierdo de la cara del animal. Pero vale la pena recordar las obtenciones de los sacerdotes que oficiaban en el templo de Jerusalén.
Había cinco ofrendas principales.
El holocausto. Era el único sacrificio que se quemaba completo en el altar, excepto el estómago, las entrañas y el nervio del muslo (cp. Génesis 32:32). Pero hasta en este caso los sacerdotes se quedaban con las pieles, con las que hacían buen negocio. (ii) La ofrenda por el pecado. En este caso sólo se quemaba en el altar el sebo del animal, y los sacerdotes se quedaban con toda la carne.
La ofrenda por una transgresión. Aquí tampoco se quemaba más que la grasa del animal, y los sacerdotes recibían toda la carne.
La ofrenda de comida. Esta consistía en harina, vino y aceite. Sólo una parte simbólica se ofrecía en el altar; con mucho la mayor parte era el gaje de los sacerdotes.
La ofrenda de la paz. La grosura y las entrañas era lo que se quemaba en el altar; los sacerdotes recibían el pecho y el hombro derecho, y el resto se le devolvía al que lo ofrendaba.
Los sacerdotes tenían todavía otros gajes.
a) Recibían las primicias de siete clases: trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y miel.
b) El tarumá. Esta era la ofrenda de los frutos más selectos de cada cultivo. Los sacerdotes tenían derecho a un promedio de la quinta parte de las cosechas.
c) Los diezmos. Había que darlos de «todo lo que se puede usar para comida y se cultiva o crece en la tierra.» Ese diezmo pertenecía a los levitas; pero los sacerdotes recibían el diezmo de ese diezmo.
d) La jalla. Esta era la ofrenda del amasado. Si la masa se hacía de trigo, cebada, escanda, avena o centeno, cada persona particular tenía que darles a los sacerdotes una vigésima cuarta parte, y un panadero un cuadragésimo octavo.
Todo esto está detrás de la negativa de Pablo a aceptar de la iglesia ni tan siquiera la provisión más básica para su manutención. Lo rehusaba por dos razones.
1. Los sacerdotes eran un refrán. Mientras que una familia judía normal no comía carne más que una vez por semana si acaso, los sacerdotes padecían de una enfermedad ocupacional por comer demasiada. El lujo en que vivían, su rapacidad y sus privilegios eran notorios, y Pablo lo sabía muy bien. Sabía que usaban de la religión para ponerse gordos, así es que estaba dispuesto a irse al otro extremo y no aceptar absolutamente nada.
2. La segunda razón era su total independencia. Puede ser que la llevara demasiado lejos, porque parece que los corintios se daban por ofendidos de que no les aceptara ninguna ayuda. Pero Pablo era una de esas almas independientes que prefieren morirse de hambre antes que depender de nadie.
En último análisis había una cosa que dominaba su conducta: no estaba dispuesto a hacer nada que desacreditara o dificultara al Evangelio. La gente juzga un mensaje por la vida y el carácter del que lo transmite, y Pablo estaba decidido a mantener las manos limpias. No permitía que nada de su vida contradijera el mensaje que proclamaba. Alguien le dijo una vez a un predicador: «No puedo oír lo que dices porque estoy escuchando cómo eres.» Eso no se le podía decir a Pablo.
EL PRIVILEGIO Y LA RESPONSABILIDAD 1 Corintios 9:15-23
En este pasaje encontramos una especie de bosquejo de toda la concepción que tiene Pablo de su ministerio.
1. Lo consideraba un gran privilegio. Lo único que no haría jamás sería aceptar dinero por trabajar para Cristo
Todos deberíamos considerar nuestro trabajo, no como una forma de acumular riqueza, sino como una manera de prestar un servicio. El trabajador debe verse como una persona cuyo fin principal no es sacar provecho para sí, sino cuyo privilegio es servir a otros cumpliendo la voluntad de Dios.
2. Lo consideraba un deber. El punto de vista de Pablo era que, si él hubiera escogido ser predicador del Evangelio, podría haber exigido legítimamente un sueldo por su trabajo; pero él no había escogido ese trabajo: el trabajo le había escogido a él.
No podía dejar de hacerlo, como no podría dejar de respirar; y, por tanto, no se podía hablar de salario.
3. A pesar del hecho de no querer que se le pagara, Pablo sabía que recibía diariamente una gran recompensa. Tenía la satisfacción de llevarles el Evangelio gratuitamente a todos los que quisieran recibirlo. Siempre es verdad que la verdadera recompensa de cualquier trabajo no es el dinero que reporta, sino la satisfacción de una tarea bien hecha. Por eso es por lo que la cosa más grande de la vida no es escoger el trabajo mejor pagado, sino el que produce la mayor satisfacción.
El haber remediado una vida desquiciada, el haber traído a uno que estaba perdido al verdadero camino, el haber sanado un corazón quebrantado, el haberle traído un alma a Cristo, son cosas que no se pueden medir en términos económicos, porque su gozo sobrepasa toda medida.
4. Por último, Pablo habla del método de su ministerio, que era hacerse todo a todos. Esto no es ser hipócritamente una cosa con una persona y otra con otra; sino que es cuestión de, como se suele decir, ponerse en el lugar de cualquier persona. El que no pueda ver nada  más que desde su propio punto de vista, y que nunca haga el menor esfuerzo por entender la mente o el corazón de los demás, nunca hará un buen pastor, o evangelista, o ni siquiera amigo. «Arte de acomodarse a los demás.»
No podemos llegar a ninguna clase de evangelismo, o de amistad, sin hablar el mismo lenguaje y pensar las mismas ideas de otros. Alguien describió una vez la enseñanza, la medicina y el pastorado como «las tres profesiones paternalistas.» Mientras no hagamos más que patrocinar a la gente, sin hacer el menor esfuerzo por comprenderla, no podemos llegar a ninguna parte con ella. Pablo, el modelo de misioneros, que ganó a más personas para Cristo que ningún otro, se dio cuenta de lo esencial que es hacerse todo a todos. Una de las mayores necesidades que se nos presentan es la de aprender el arte de entendernos con la gente; y el problema más grave es que, la mayor parte de las veces, ni lo intentamos.
UNA VERDADERA CONTIENDA 1 Corintios 9:24-27
Pablo sigue ahora otra analogía
En este pasaje, Pablo expone brevemente una especie de filosofía de la vida.
1. La vida es una contienda. « Si esta vida no fuera una auténtica pelea en la que se gana algo eterno para el universo cuando se tiene éxito, no es más importante que un simulacro del que uno se puede retirar cuando quiera. Pero parece una pelea -como si hubiera algo realmente salvaje en el universo que nosotros, con todos nuestros idealismos y lealtades, pudiéramos contribuir a remediar.»
Tenemos que vernos como guerreros siempre en campaña, como atletas que se lanzan hacia la meta.
2. Ganar una batalla o salir vencedor en una competición requieren disciplina. Tenemos que someter a disciplina nuestros cuerpos para tenerlos en forma; esta es una de las áreas más abandonadas en la vida espiritual, de la que muchas veces surgen las depresiones. Si hemos de hacer algo lo mejor posible tendremos que dedicarle un cuerpo tan capaz como pueda llegar a ser. Hemos de someter a disciplina nuestras mentes; una de las tragedias de la vida es que la gente se niega a pensar hasta llegar a una condición en que ya le resulta imposible. No podemos resolver los problemas escondiéndonos o huyendo de ellos. Tenemos que someter a disciplina nuestra alma; podemos hacerlo enfrentándonos con los dolores de la vida con serena entereza; con sus tentaciones, con la fuerza que Dios da; con sus desilusiones, con valor.
3. Tenemos que conocer nuestra meta. Es descorazonador ver el obvio despiste de las vidas de tantas personas; van a la deriva en vez de dirigirse a algún sitio. Tengo una parábola: < Había una vez un hombre, un satírico. En el curso natural de las cosas sus amigos le asesinaron, y murió. Y la gente vino, y se colocó alrededor de su cuerpo. < Trataba a todo el redondo mundo como si fuera un balón de fútbol -decían indignados-, y le pegaban patadas.» El muerto abrió un ojo, y dijo: « ¡Sí, pero siempre hago  gol!» Alguien pintó una vez un chiste de dos marcianos que estaban mirando a la gente de la Tierra, siempre corriendo de acá para allá; y uno le dijo al otro: « ¿Qué están haciendo?» El otro contestó: «Van.» « ¿Adónde?» « ¡Ah!, no van a ninguna parte; simplemente van.» Esa es la manera de no llegar a nada.
Tenemos que saber lo que vale nuestra meta. El gran atractivo de Jesús es que se basaba raras veces en castigos y en consecuencias terribles. Se basaba en la declaración: « Considera lo que te pierdes si no sigues Mi camino.» La meta es la vida, y no cabe duda de que vale la pena alcanzarla.
4. No podemos salvar a otros si no somos los dueños de nosotros mismos.
Está claro que no podemos hacer nada por otros hasta que nos hemos hecho con nosotros mismos; no podemos enseñar lo que no sabemos; no podemos llevar a otros a Cristo hasta haberle encontrado nosotros. Por en medio del mar, y todos fueron bautizados en relación con Moisés en la nube y en el mar, y todos comieron la misma comida que el Espíritu de Dios les daba, y todos bebieron la misma bebida que les llegaba por la acción del Espíritu; porque bebían de la Roca que los acompañaba por obra del Espíritu, la cual Roca era Cristo. Con todo eso, Dios no estaba contento con la mayoría de ellos; así que se quedaron muertos tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron para que tomemos ejemplo, para que no seamos personas que anhelan el mal y las cosas prohibidas como hicieron ellos. Ni tampoco debéis ser idólatras como algunos de ellos, como está escrito: «Se sentaron a comer y a beber, y se levantaron a pasárselo bien.» Ni está claro que no podemos hacer nada por otros hasta que nos hemos hecho con nosotros mismos; no podemos enseñar lo que no sabemos; no podemos llevar a otros a Cristo hasta haberle encontrado nosotros.     AMEN!!! AMEN!!!!

ESA ES LA ACTITUD CRISTIANA!!

QUE EJEMPLO DEL APOSTOL PABLO QUE DIFERENCIA DE LOS “SEUDOAPOSTOLES” DE HOY EN DIA, HOTELES 5 ESTRELLAS, CARRO ULTIMO MODELO, VIAJES POR EL MUNDO, SUS ESPOSAS CON CIRUGIAS PLASTICAS A COSTA DE QUIEN?? DE LAS OVEJAS BOBAS QUE SE DEJAN ENGAÑAR DE PROMESAS POSITIVISTAS, SICOLOGIAS CONDUCTIVAS, MANIPULANDO LAS ESCRITURAS, DANDOLES PLATA PARA MANTENERLOS A COSTA DEL TRABAJO DIARIO DE LAS OVEJITAS!! PABLO SE DIO CUENTA EL LUJO DE ELLOS Y OPTO POR NO RECIBIR NADA PARA NO SER GRAVOSOS A NADIE.

PASTORES FLOJOS, VIVIDORES Y A LOS SEUDOAPOSTOLES A TRABAJAR COMO EL APOSTOL PABLO, CON SUS MANOS, HACIENDO TIENDAS. DEJEN DE TRASQUILAR A LAS OVEJAS, MERCADERES DE LA FE!!

TANTO CATOLICOS COMO EVANGELICOS ESTAN EN LAS MISMAS, LEYERON LO DEL CURA EN CHALAN-SUCRE? ARROJO “LOS DIEZMOS” PORQUE ERAN PURA MONEDAS, QUERIA VER QUE??? BILLETES CON LA FIGURA DE JORGE ISAAC!! QUE HORROR.
LEYERON TAMBIEN LO DEL PAPA, HAY QUE AYUDAR A LOS POBRES, QUE CHISTE FLOJO, Y EL VATICANO Y SUS RIQUEZAS QUE?
NI HABLAR DEL MUNDO EVANGELICO!! QUE ASCO!!

VIVAMOS HERMAN@S CONFORME A LAS ENSEÑANZAS DE JESUS, EN OBEDIENCIA A SUS PRINCIPIOS, SEAMOS EJEMPLOS EN TODO. AMEN!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario