EL PENSAMIENTO Y LAS EXIGENCIAS DE JESÚS ACERCA DEL DINERO Y LA RIQUEZA La opinión de Jesús, según los evangelios, sobre el dinero y la riqueza (Dr. Antonio Armenta Romano)
El apego a la riqueza constituye uno de los principales obstáculos para el seguimiento de Jesús (Mc 10,21-22 pars.) y un impedimento para entrar en el reino de Dios (Mc 10,23-24 pars.), es decir, para participar en la construcción de una sociedad nueva, basada en la solidaridad y la justicia. Por eso Jesús proclama dichosos a los que optan por la pobreza (Mt 5,3a: Lc 6,20a), puesto que esa opción, que extirpa la raíz interior de la injusticia, la ambición humana (cf. 1 Tim 6,9-10), permite el ejercicio del reinado de Dios (Mt 5,3b. 10b; Lc 6,20b), impulsa la liberación de los hombres (Mt 5,4-6) y hace posible unas relaciones humanas basadas en el amor activo (Mt 5,7-9).
Jesús no se deja impresionar por el dinero. Para él vale mucho más el cuadrante (una moneda insignificante) que una pobre viuda echa en el cepillo del Templo, privándose de lo que necesita para vivir, que todas las monedas que echan en él los ricos, de lo que les sobra (Mc 12,41-44 pars.). Tampoco se deja impresionar por la grandiosidad y magnificencia de los edificios que los hombres levantan a base de dinero y esfuerzo humano; sabe que detrás de ellos se esconde la injusticia y que acabarán, tarde o temprano, en la ruina ola destrucción (Mc 13,1-2 pars.).
Para Jesús, la liberación del hombre es mucho más importante que la estabilidad económica. Por eso, no duda en sacrificar el potencial económico de toda una región (la gran piara de cerdos que se precipita acantilado abajo en el mar: Mc 5,1-20 pars.), para obtener la liberación de un alienado (el endemoniado de Gerasa). .El bien del hombre está, para él, por encima de todo (Mc 3,1-6 pars.).
En el conocido pasaje del juicio de las naciones (Mt 25,31-46), advierte Jesús de las consecuencias irreparables de la insensibilidad humana. El que pase por la vida indiferente a las necesidades más perentorias de los seres humanos, es decir, sin mostrar el más mínimo gesto de amor, ése ha malogrado su existencia.
Jesús, que Identifica a Satanás con el ansia de poder y de gloria mundana (Mc 8,33; cf Mt 4,8-10 pars.), espera de sus seguidores que renuncien a la acumulación de dinero, porque para ellos su verdadera riqueza ha de estar en Dios (Mc 10,21 pars.). Al mismo tiempo, les advierte que el ser humano se define por aquello que aprecia y que todo el que haga del dinero un valor estimable se apegará a él y será el dinero quien oriente su vida y marque su personalidad (Mt 6,19-21 pars.). Para Jesús, lo que da valor a la persona es la generosidad; mientras que la tacañería, que cierra las puertas al amor, hace del hombre un miserable (Mt 6,22-23 pars.).
Por eso, pedirá a los suyos que sean generosos, que no vuelvan la espalda a nadie, que presten sin esperar nada a cambio, e incluso, que renuncien a reclamar lo que, siendo de ellos, se lo apropian otros (Mt 5,42; Le 6,30.35.38). Para Jesús, no merece la pena pleitear por dinero ni defender lo propio con uñas y con dientes.
A pesar de sus advertencias y sus críticas, Jesús no es un asceta reticente a usar y disfrutar de los bienes creados. Al contrario, su conducta en este sentido es de tal normalidad que resulta escandalosa para sus adversarios, que lo acusan de comilón y bebedor (Mt 11,18-19 pars.). Tampoco es un maniqueo que considera todo lo que tiene que ver con el dinero como intrínsecamente malo. De sus palabras se deduce que, para él, el dinero es moralmente ambiguo: puede servir para lo bueno, como para lo malo; para ayudar a otros o para explotarlos; para compartirlo con los demás o para codiciarlo. Depende de la utilidad que se le dé y de los resultados que produzca.
Lo que a Jesús le parece reprobable es el apego al dinero, por los efectos negativos que entraña y porque acaba haciendo de éste el ídolo a cuyo servicio se pone la vida humana (Mt 6,24 pars.). Pero, además, conoce bien la seducción que el dinero ejerce sobre los hombres y la capacidad que tiene de envolverlos en sus redes y atraparlos (Mc 4,19 pars.). Por eso, es tan crítico con él y tan contundente en las exigencias que, con relación al dinero, plantea a sus seguidores.
Dr. Antonio Armenta Romano
Lic. En Ciencias Religiosas
Pontificia U. Javeriana
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