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COMO ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS
"Lo
siguieron grandes muchedumbres de gente llegadas de GALILEA (la región norte de Galilea), DECAPOLIS (la de enfrente, al otro lado del lago), JERUSALEN (el
centro), JUDEA (la provincia del sur), y TRANSJORDANIA" (al otro lado del río) (Mt 4,25).
Esto
era el antiguo reino de David. O sea, todo Israel, de alguna manera, está
siguiendo a Jesús. Pero es
un seguimiento diferente de los cuatro de antes, pues esta gente no ha dejado
nada. Tienen una simpatía por Jesús, pero todavía no son discípulos
suyos. Ven en Jesús una esperanza y le siguen.
"Al
ver las multitudes subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos.
El tomó la palabra y se puso a enseñarles así".
Esta
es la introducción. Reacción
de Jesús ante el gentío que le sigue: se sube a un cerro. Y vemos que
dice "al monte", pero no dice a qué monte. Normalmente el evangelista
debía decir: se subió a "un monte" porque, si no dice el nombre y
nadie sabe cuál es, se pone el artículo indeterminado. Sin embargo, dice "al
monte", como si ese monte fuese
conocido por todos.
¿Por qué habla así el evangelista? Pues porque el "monte" en todas
estas culturas y en los evangelios es el lugar simbólico de la presencia de
Dios en relación con la historia humana. A Dios se le atribuye como morada el
cielo. Todo es metáfora, claro, que hay que usar símbolos. Siempre, en todas
las culturas humanas, lo excelente se pone arriba y lo despreciable abajo.
Por eso siempre, en todos los pueblos, desde los animistas a los cristianos, se
ha dicho que Dios está arriba, aunque en realidad no está arriba ni abajo, ni a
la derecha, ni a la izquierda; pero instintivamente tomamos el símbolo de la
altura para representar la excelencia. Por lo tanto, el cielo es la morada de
Dios. Es un símbolo espacial
que no corresponde a una realidad, ya que Dios está en todas partes.
Pero Dios se pone en contacto con la Historia humana, y entonces el símbolo que
se escoge es "el monte", que
es lo más alto que hay dentro de la superficie de la tierra. De manera que un
lugar elevado, el monte, se considera que es un lugar donde Dios se va a
manifestar, donde Dios se va a comunicar, donde Dios va a actuar. El monte es
el lugar simbólico de la presencia divina en contacto con la Historia humana.
Por eso Jesús sube al monte.
En
la cultura griega
la morada de los dioses era el monte Olimpo. En la cultura judía el Templo estaba en el
monte Sión y la Ley se le dio a Moisés en el monte Sinaí. Y este símbolo
tradicional lo usan los evangelistas para indicar precisamente el lugar de la presencia de Dios, la
esfera divina en contacto con la Historia humana. Y Jesús se sube a la esfera
divina "y se sienta", porque
su sitio es la esfera divina. El ha recibido todo el Espíritu de Dios, él es el
Hombre-Dios, él es igual al Padre y, por lo tanto, su sitio es la esfera
divina. "Sentarse" significa la estabilidad: Jesús se queda sentado
porque ese es su sitio.
Aquí tenemos un paralelo con el antiguo Sinaí. Jesús
va a promulgar el código de la Nueva Alianza, el código del Reinado de Dios,
que son las Bienaventuranzas. Y vemos lo bien que lo hace el evangelista. Jesús
sube al monte como subió Moisés, pero a Moisés le habla Dios, y aquí es Jesús
el que habla. Jesús es hombre como Moisés, y sube al monte como él, pero no
habla Dios, sino él, por lo que tenemos al Hombre-Dios. Une el papel de Moisés
con el papel de Dios en su persona. El es el Hombre-Dios, el que va a
pronunciar esta Nueva Alianza, y por eso va a ser "su Alianza": él es
el que hace la Alianza. Como lo dirá después en las palabras de la Cena:
"Esta es la sangre de la Alianza mía". El es el que entabla con la
Humanidad esta nueva relación, porque él es la manifestación de Dios en la
tierra, como ha dicha Mateo mismo en la escena de la Natividad: Le pondrán por
nombre Emmanuel (que significa DIOS ENTRE NOSOTROS). Jesús es Dios en la
tierra, es el Hombre-Dios, el que ha recibido la plenitud del espíritu de Dios.
Y
ahora el Hombre-Dios está en el monte y se le acercan sus discípulos. En el Sinaí no se podía hacer
eso. Precisamente sube Moisés sólo, y el pueblo tiene que quedarse más
allá de un límite fijado y, al que se atreva a pasar ese límite, le caerá
encima un castigo divino. Ahora,
terminado. Los
discípulos, que han hecho su opción por Jesús, tienen derecho a entrar en la
esfera divina; ellos pertenecen ya también a la esfera divina; están con Jesús en ella. El pueblo, la
multitud que está fuera, que no ha hecho todavía una opción, no está con ellos.
Ahora se acabarán las mediaciones porque Jesús toma el papel de Dios mismo, y
todos los que siguen a Jesús tienen acceso inmediato a él que, a su vez, es el
acceso a Dios. Ya se acabaron los intermediarios.
"El
tomó la palabra... (Esto lo pone Mateo como frase solemne) y se
puso a enseñar así".
A
los discípulos, pero la multitud lo oye. De manera que, en cierto modo, la
multitud está invitada a lo que Jesús dice. Directamente se refiere a los
discípulos, pero indirectamente a la multitud, a la Humanidad entera.
"Enseñar" no es informar: hay una
diferencia. Informar es hacer conocer algo que uno no conocía, y enseñar es
hacer conocer algo que uno no conocía pero que, además, tiene que ser aplicado
en la vida del discípulo. De manera que ser discípulo significa
aprender del Maestro para traducirlo en su propia conducta: porque aquí lo que
se enseña es una manera de vivir. No son teorías, sino una manera de vivir. Por tanto, lo que Jesús
va a decir ahora es para su inmediata aplicación por parte de los discípulos y
de todos los que le escuchan. Y empieza:
"Dichosos
los que eligen ser pobres, porque ellos tienen a Dios por Rey".
Los mandamientos de la antigua Ley
eran imperativos,
futuros que son imperativos: "no jurarás, no matarás", etc. : es el
Dios impositivo. Pero en
la Nueva Alianza no hay ninguna imposición, sino una invitación. Y quizá
más bien el proponer un ideal que suscite la activación del hombre.
"Dichosos...": las ocho empiezan así. Ni una sola imposición. Vemos el cambio de estilo. Aquí Dios ya no es el soberano:
eso era del Antiguo Testamento. Aquí Dios será el Padre.
"Dichosos..." ¿Quién quiere entusiasmarse con esta idea?: porque esto
tiene una promesa de felicidad.
Y
ahora, antes de empezar a explicar cada una de las bienaventuranzas, vamos a
ver la estructura de las ocho, cosa muy importante para entenderlas.
La
primera es "Dichosos los que eligen ser pobres, porque ellos tienen a Dios
por Rey", y la octava es "Dichosos los que viven perseguidos por su
fidelidad, porque estos tienen a Dios por Rey". Como vemos, ambos tienen la segunda parte
igual. La traducción ordinaria de la última es: "...porque de ésos es el
Reino de los Cielos". El "Reino de los Cielos" es el "
Reino de Dios", y suele explicarse que Mateo pone "de los cielos", en vez de poner
"de Dios" por reverencia al nombre divino. Ya sabemos que los judíos
no pronunciaban nunca, por respeto, el nombre de Dios. Más bien decían "la
Fuerza", o "la Potencia", o "el Bendito", etc.
Y, claro, como Mateo es tan judío, lo nombra así. Pero esto no es cierto:
porque hay otros casos en los que dice el "Reino de Dios",
concretamente en tres ocasiones. Entonces ¿por qué hace esta distinción?.
Estudiando
el texto se saca esta conclusión: cuando Mateo habla del Reino de los Cielos lo
que significa es la universalidad de su Reino: un reino destinado a una
Humanidad entera. En cambio, cuando habla del Reino de Dios significa,
entonces, el reino que espera Israel: la prueba es que lo usa en tres contextos en los que se refiere al
pueblo judío, a su expectativa. Como para nosotros "los cielos" es una
cosa impersonal, no vemos esa distinción, y por tanto es mejor traducir
"el Reino de Dios". Mejor aún, el "Reinado de Dios", pues
la palabra no significa reino sino
reinado, que no es lo mismo.
Esta palabra griega -"Basilea"-
tiene tres significados:
1¡:
la realeza, es decir, la dignidad del rey: el que tiene esa dignidad y, por lo
tanto, tiene derecho a gobernar al pueblo;
2¡:
el reinado, que es la actividad del rey, que nace del hecho de que es rey, de
que tiene la realeza;
y
3¡: el reino: es decir, el territorio de los súbditos sobre los que se ejerce
el reinado. En griego tiene, por tanto, estos tres significados. Pero como esto
es una traducción de una palabra aramea -"malkut"-, en arameo significa "reinado": es
activo; es la actividad de gobierno que Dios ejerce.
Por
tanto, la primera y la última bienaventuranza tienen el mismo colofón:
"porque ésos tienen a Dios por rey"
o "porque sobre ésos ejerce Dios su reinado". Pero, además,
estas dos tienen una relación particular entre ellas: son como el marco en el
cual entran las otras seis. En éstas dos
está el verbo en presente: "porque ésos tienen a Dios por rey":
tienen ya, ahora. El Reinado de Dios es una realidad que existe ya. Sin
embargo, todas las demás tienen los verbos en futuro: "Dichosos los que
sufren porque ésos recibirán el consuelo", "Dichosos los sometidos
porque ellos heredarán la tierra"... De manera que la primera y la última
son una realidad presente, mientras que las otras seis son una realidad futura:
esto es muy importante. Es una realidad que existe ya y una realidad que tiene
que existir, que existirá después. Ya vemos qué sentido tiene esto.
En
las otras seis hay dos grupos claros: tres y tres. Las tres primeras -la
segunda, la tercera y la cuarta- hablan de una situación negativa, de una
situación dolorosa de la Humanidad, y se hace una promesa que va a remediar esa
situación dolorosa: "Dichosos los que sufren, porque ésos recibirán el
consuelo; dichosos los sometidos, porque ésos van a heredar la
tierra"... Es decir, sufrir, estar
sometido y padecer injusticia son situaciones negativas, y hay tres promesas de
que esas situaciones se van a remediar. En cambio, las otras tres -la quinta,
sexta y séptima- hablan de actitudes positivas, que también tienen una promesa:
"Dichosos los que prestan ayuda, porque ésos van a recibir ayuda; dichosos
los limpios de corazón, porque ésos van a ver a Dios, y dichosos los que
trabajan por la paz, porque a ésos Dios va a llamarlos hijos suyos".
De
manera que ya hemos visto la estructura: primera y última en presente, expresando una realidad que tiene
que existir ya. Las seis que están en medio, en futuro. De ellas, las tres
primeras describen situaciones negativas del hombre, y Jesús promete ahí la
solución a esas situaciones. Las otras tres son actitudes positivas, y Jesús
también da una promesa de felicidad y de beneficio. Vamos, entonces, a la
primera.
3
- LOS QUE ELIGEN SER POBRES
"Dichosos
los que eligen ser pobres".
Esta
traducción llama la atención, pues esto se suele traducir por
"bienaventurados los pobres de espíritu". Sin embargo, hemos elegido
la palabra "dichosos" porque "bienaventurado" es palabra
que se lee sólo en el Evangelio y no es palabra de la conversación común.
Cuando nosotros queremos decir algo así decimos "dichosos": "Me
ha tocado el premio. Dichoso tú". Se podría decir también
"felices"..
"Los
pobres".
La palabra "pobre" en al A. T. tiene una tradición grandísima, y son
los pobres sociológicos, los que no tienen nada. Eso está claro. Pero ahora, el
complemento que tiene aquí es el difícil y se suele traducir por "de
espíritu". En griego está la palabra "espíritu" y está
precisamente con artículo. En
latín, como tiene la dificultad de que no hay artículos, está sólo
"espíritu". Esto de no tener artículos el latín es grave dificultad
para el N. T. , porque no es lo mismo decir "Mesías" que "el
Mesías"; o decir "Hijo de Dios" que "El Hijo de Dios".
Cuando dice "Hijo de Dios" da una sensación de exclusividad, de
primacía. No es lo mismo decir "Jesús es hijo de Dios" que decir
"Jesús es el Hijo de Dios". El artículo le da mucha más fuerza. Y en
latín no existe, por lo que en muchas de las Biblias que hemos traducido a
español, que estaban traducidas del latín, no se distingue la cosa.
Y aquí está "el espíritu",
con artículo. Por lo tanto, no es "de espíritu". Sería "del espíritu"; y esa
preposición "de", como no hay preposición en griego, sino un dativo,
se puede interpretar de dos maneras: o un dativo de aspecto -"pobres en el
espíritu"-, o un dativo de causa -"pobres por el espíritu"-. ¿Cuál de las dos
traducciones es?
Esto es lo que vamos a explicar. Y lo que nos va a dar la clave es qué cosa
significa "espíritu". Aquí espíritu es el espíritu humano, pues si no Mateo diría
Espíritu Santo, como antes ha hablado del Espíritu de Dios. Entonces ¿qué significa
espíritu?. A nosotros nos parece claro, pero no lo está tanto, porque esto
supone una antropología, la antropología semítica que está aquí metida, la que
está en el A. T. y continúa en el Nuevo. El A. T. considera la interioridad del
hombre en dos aspectos; interioridad del hombre es su inteligencia, su voluntad
y su sentimiento. Nosotros distinguiremos más cosas, pero ellos no.
Inteligencia, voluntad, sentimiento, todo eso constituye la interioridad
humana. Y esta interioridad puede ser: activa o dinámica, y estática. Un acto
de voluntad es la interioridad dinámica, o un acto de intuición, o un pronto de
sentimiento. En cambio, una disposición habitual (por ejemplo, una persona que
es amable) es interioridad estática, no dinámica. Y una convicción que uno
tiene, que pertenece al terreno de la inteligencia, ésa es estática, no
dinámica, como también lo es un propósito o un hábito que uno lleva toda la
vida. De manera que los
semitas distinguen muy bien las dos cosas, y a la interioridad estática (las
convicciones, los hábitos de actuar, etc.) le llaman "corazón",
mientras que a la interioridad dinámica le llaman "espíritu".
Así, un acto de inteligencia es "espíritu"; un acto de voluntad, que
es la decisión, es "espíritu", así como un pronto de sentimiento (por
ejemplo, un suspiro) es "espíritu". En cambio, lo otro se llama
"corazón".
En
las Bienaventuranzas aparecen los dos. Aquí dice "los pobres por el
espíritu", y después dirá "los
limpios de corazón". Ser limpio o puro es una disposición habitual, por lo
que no es "limpio de espíritu", pues eso sería un acto de limpieza,
sino "limpio de corazón". Pero en la primera bienaventuranza, como es
este "espíritu", no se trata de algo habitual. Y, si dijéramos
"los pobres en el espíritu" -una disposición habitual del que está
desprendido del dinero- no sería exacto, pues espíritu no significa eso, sino
algo que nace de dentro.
Entonces,
se trata de un estado de pobre que es efecto de un acto humano. Pone "El
espíritu". Como nosotros decimos también, esto se llama el artículo
posesivo. Por ejemplo, decimos "le di con la mano": ¿con qué mano?
¿Con la del otro o con la mía?: con la mía; pero no hace falta decir "con
mi mano", pues el artículo da el posesivo. Y eso mismo pasa aquí. Este espíritu es
"por su espíritu", por el propio espíritu del hombre. De manera que nace de la
interioridad del hombre, que puede crear un estado de pobreza. Tiene que ser un
acto de voluntad; el conocimiento no crea la realidad, la conoce, la recibe.
El sentimiento tampoco. Es la voluntad la que decide. Por lo tanto se trata de
un acto de voluntad por el cual el hombre elige el estado de pobreza. Y
entonces, la traducción literal sería "dichosos los pobres por
decisión" y, puesto más elegante "dichosos los que eligen ser pobres".
Esto
es lo que significa la primera bienaventuranza. Se trata de una opción. Una opción por la cual decimos "para mí,
el dinero no es el valor; el acumular dinero no es para mí ningún valor; no
quiero acumular dinero". Esto se entiende mejor comparándolo con el ser
rico. El que elige ser rico es el que quiere acumular y retener para sí; el que
tiene y retiene para sí. El pobre tiene poco, pero lo poco que tiene tampoco lo
retiene para sí.
Esto
tiene unos rasgos negativos muy fuertes. Pobres significa tener necesidad, no
tener y, por lo tanto, depender de otros para vivir. Y esto es lo que elimina
el "dichoso". De manera que esos rasgos negativos tienen que estar
eliminados porque aquí dice "dichosos"... y, naturalmente, no se
puede ser dichoso de esa manera. Entonces ¿cómo es posible que Jesús llame
dichosos a éstos, que son pobres voluntarios?: porque no se trata de pobres
sociológicos. Un pobre sociológico, un pobre corriente, puede tener un deseo
enorme de riqueza y, si no se la consigue, es porque no puede, pero su ideal es
ser rico. Y ése no entra en las bienaventuranzas. El de las bienaventuranzas es uno que comprende que
solamente mediante esta opción se elimina la injusticia del mundo y, por lo
tanto, quiere hacer la opción para no ser cómplice de ninguna injusticia.
De manera que tenemos éste, que elige esa pobreza, ese estado contra la
riqueza, contra el tener mucho y retenerlo para sí. El tiene poco y, lo poco
que tiene, está dispuesto a compartirlo. Y ¿cómo se le dice "dichoso"
a ése?: pues "porque tiene a Dios por rey": ésta es la razón. El
hecho de estar bajo el Reinado de Dios, de estar en esa esfera donde Dios
muestra su amor, evita las consecuencias negativas de la pobreza. No hay
miseria y no hay dependencia, que son los dos aspectos negativos de la palabra
"pobre".
Cuando
es un pobre voluntario, cuando hace una
opción contra la injusticia del mundo, podemos afirmar que Dios le dice:
"tú eres de los míos". Porque Dios está contra la injusticia del
mundo, está claro. Por eso es justo. Dios es justo porque no puede soportar la
injusticia y, a uno que hace esa opción, le dice: "tú eres de los míos; yo
me cuido de ti; yo soy tu rey; tú estás en mi Reino". Pero ¿cómo reina
Dios?: Dios reina comunicando su espíritu. Por eso es lo mismo decir "Dios
rey" que "Dios padre". En el Padre nuestro se dice "venga
tu Reino". Y ¿a quién se le dice?: al Padre. De manera que Dios rey se
traduce por Dios padre y los dos significan lo mismo: el que comunica su vida y
su amor. El reinado de Dios es la
actividad de Dios por la que él comunica su amor. De manera que los que están bajo su Reinado o forman ese
Reinado están en la atmósfera del Espíritu de Dios. Ahí se forma una sociedad
nueva, un grupo humano nuevo, donde la relación es la del amor y la entrega, y
no habrá nunca miseria ni dependencia. Ahí se encuentra la verdadera
libertad, porque ya no está uno sujeto al hilo del dinero, y ya no es un
esclavo del capital. Se encuentra la verdadera libertad, la verdadera alegría
y, además, sin las connotaciones negativas de la dependencia y de la miseria.
No hay miseria. Donde Dios
reina no puede haber miseria, donde Dios reina no puede haber falta de
libertad, que es la dependencia de otro. Por eso Jesús dice
"dichosos...".
Esta
es la primera bienaventuranza. Se trata, por tanto, de una opción que se tiene
que hacer para entrar en el Reinado de Dios. Esta es la puerta de entrada. Una
opción que hace cada uno, porque la opción es personal, y esa opción son contra
la riqueza "como valor". Siendo esto la primera bienaventuranza y siendo
-digamos- el código de la Nueva Alianza, está en paralelo con el de la Antigua
Alianza, cuyo primer mandamiento decía: "No tendrás otro dios junto a mí.
Yo soy el Señor tu Dios, y amarás al Señor tu Dios con todo tu ser". Amar
significa ser fiel. Y aquí dice que ese dios, frente al Dios verdadero, es el
dinero. Hay que optar contra el dios falso por el Dios verdadero. De manera que
es la renuncia a la idolatría siempre de la acumulación del dinero, que es lo
que produce el prestigio social, la diferencia de clases, el poder o dominio de
unos sobre otros. Y el dominio basado en el temor porque, claro, si uno depende
de otra persona para comer, tiene que someterse, tiene que decir "sí"
a todo. En el dinero están los tres falsos valores: el dinero, el prestigio y
el poder, y, el que renuncia al dinero, renuncia a los tres, que son los falsos
valores de la sociedad, los que crean injusticia e infelicidad en el mundo.
Es
que Jesús viene a otra cosa: a hacer que el hombre sea feliz desde aquí. Que
experimente ya en la tierra lo que es el
amor a Dios, que pueda desarrollarse plenamente según el proyecto creador, el
plan de Dios. Y, en una sociedad donde el hombre no es libre, donde el hombre
está oprimido, donde está ahogado, como está, no puede desarrollarse, está
mutilando su propia vida. Y esto va contra lo que Dios quiere. Por lo tanto, lo
que Jesús viene a fundar es una sociedad nueva.
El
Reinado de Dios, en el lenguaje de ahora, es una sociedad alternativa, y el Evangelio es una contracultura,
en el sentido en que niega los valores en que se funda esta cultura y propone
otros. Y cultura, en el más profundo sentido de la palabra, no en el sentido de
música y poesía. Una cultura se basa sobre un sistema de valores, y sobre eso
se construye un modelo de sociedad. Y, entonces, lo de Jesús es una
contracultura, para usar los términos a los que estamos acostumbrados. El
propone otro sistema de valores, los únicos verdaderos, y que son: el
compartir, la igualdad entre todos y el servicio en lugar del poder. Estos son los valores que
forman la nueva sociedad. Sobre eso podemos organizar la nueva sociedad. Para
eso ha venido Jesús. Por ello, esta opción es necesaria para empezar la
nueva sociedad. Sin ella, no podemos ser muy buenos, podemos -por supuesto-
salvarnos, podemos hacer mucho bien en este mundo personalmente, pero no
cambiaremos la sociedad. Como tantos santos que ha habido, que eran personas
muy respetables y muchos de ellos muy buenos y han hecho mucho bien, pero no
han cambiado la sociedad, que es lo que Jesús pretendía. Por eso, santos, en
ese sentido, hay también en otras religiones, y no han cambiado tampoco la
sociedad. Cuando se habla de
la primera bienaventuranza como opción necesaria para el Reinado de Dios se
trata de una sociedad nueva, que esto no es para salvarme yo. Por eso, al rico
aquel que, cuando Jesús
le recordó los mandamientos, le
dijo: "Ya los he cumplido todos", Jesús le dice: "Pues,
entonces, te falta una cosa. Si quieres lo del Reinado de Dios, es otra cosa.
Ahí hay que dar un paso más. Tú no puedes ser rico". Son dos cosas
distintas, una cosa es ser bueno, que se puede ser muy bueno y salvarse, y otra
es decir: "Aquí vamos a construir una sociedad nueva".
Y ahora vamos a ver esa explicación que da
Jesús de la primera bienaventuranza. Está en Mt. 6, 19ss y dice:
"Déjense de acumular riquezas en la
tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones
abren huecos y roban".
Es decir, "acumulan ustedes riquezas
para tener seguridad; pues sepan que no hay seguridad". Que es
algo que vemos con frecuencia. Acordémonos de, cuando en la guerra mundial,
tantísima gente se quedó sin nada porque la inflación y la devaluación de la
moneda hicieron que los capitales se
redujeran a cero. Y lo mismo en la guerra española. Es decir, esa seguridad que
buscan es una falsa seguridad. Puede
fallar. No siempre falla, pero puede fallar.
"En
cambio, amontonen riquezas en el cielo, donde ni la polilla ni la carcoma las
echan a perder, donde los ladrones no abren huecos ni roban".
La
seguridad está en Dios. Estamos en la misma oposición: La riqueza de aquí u
otra clase de riqueza, que tiene relación con Dios. Y estamos en lo del Reino.
Ahí hay una seguridad que nadie quita, que es amor mutuo que está en la
comunidad, por el cual yo se que, cuando me haga falta, no estaré desamparado.
Pero, además, añade otra cosa:
"Porque
donde tengas tu riqueza, tendrás el corazón".
Uno
tiene el corazón en lo que le da seguridad. Si yo tengo seguridad en la cuenta
corriente, eso es lo que más me llega a mí. Si no tengo eso, tengo libertad,
puedo poner el corazón donde debo ponerlo: en el grupo cristiano, en el Señor,
porque no tengo otra seguridad más que esa. El hombre se define por sus
seguridades y por sus objetivos. Si tu objetivo es acumular dinero para tener
seguridad, eso te define. Si tu objetivo es quedar libre para poder amar, eso
te define. Por tanto, esto interpreta la palabra "pobres". Pobres son
los que no tienen dinero.
"La
esplendidez da el valor a la persona. Si eres desprendido, toda tu persona
vale; en cambio, si eres tacaño, toda tu persona es miserable. Y, si por valer
tienes sólo miseria, ¡qué miseria tan grande!"
"Por
eso les digo: no anden preocupados por la vida, pensando qué van a comer o a
beber; ni por el cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale más la vida
que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?"
Dios
nos ha dado la vida, nos ha dado el cuerpo. Pues, si nos ha dado lo más,
también nos dará lo menos. El que ha dado lo más, nos dará también lo menos. No
puede negarnos lo necesario para la vida, lo necesario para vivir. Está en un
lenguaje precioso, un lenguaje que pone los dos ejemplos: Dios se cuida de los
pájaros y de las flores. Si de eso, que vale tan poco, Dios tiene tanto
cuidado, ¿cuánto más de nosotros?
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